Fallece Carlos Ramón Sojo Guzmán: legado eterno del disfraz colectivo De Cuanta Vaina
Barranquilla se viste de luto tras confirmarse la muerte de Carlos Ramón Sojo Guzmán, gestor cultural, investigador de tradiciones y director del disfraz colectivo De Cuanta Vaina, uno de los símbolos del Carnaval de Barranquilla. Reconocido por su profundo conocimiento de la fiesta y su papel como miembro activo del Comité de Patrimonio, Sojo Guzmán deja un legado invaluable que marcó a generaciones de carnavaleros y guardianes de la cultura.
Nacido en 1959, Carlos Ramón creció en el seno de una familia con arraigada tradición carnavalera. Sus tías abuelas, Paulina y Carolina Sojo Palacio, fueron reinas del Carnaval, al igual que su pariente Isabel Elvira Sojo O’Byrne. Su bisabuelo, Carlos M. Sojo Carmona, fue rey Momo del Club Barranquilla y ocupó cargos de dirección en la organización de la fiesta, funciones que más tarde también asumió su hijo José Francisco Sojo Palacio, abuelo paterno de Carlos Ramón. Esta herencia cultural se extendió con figuras como Regina Margarita Sojo Sánchez y las integrantes de la familia Donado, entre ellas Rebeca, Carmiña, Margarita Rosa, Ana María, María Cecilia, Daniella y Mariana, quienes también brillaron como soberanas del Carnaval.
Desde muy niño mostró su amor por la tradición, participando en disfraces y manifestaciones folclóricas. En 1978, aún siendo menor de edad, ya hacía parte de la organización de eventos claves de la fiesta como el Bando, la Gran Parada, la Batalla de Flores y el Festival de Orquestas. Con el tiempo, consolidó su mayor proyecto cultural: el disfraz colectivo De Cuanta Vaina, con el que alcanzó siete Congos de Oro entre 2011 y 2025, confirmando su talento como creador y líder artístico.
Su pasión por el Carnaval trascendió los escenarios festivos. Fue miembro del Comité organizador en la década de los 80 y, más adelante, de la Junta Directiva del Carnaval de Barranquilla entre 2009 y 2011. Su visión investigativa lo llevó a dejar huella en la literatura con obras como “Formando para Salvaguardar”, realizada con el apoyo de la Gobernación del Atlántico, además de otras publicaciones que enriquecieron la memoria y el patrimonio cultural de la ciudad.
En una entrevista recogida en el libro Somos Carnaval de Barranquilla: la mirada de sus artistas (2015), Sojo Guzmán expresó con claridad lo que significaba para él la fiesta: “El Carnaval es para mí fiel reflejo de Barranquilla, la vitrina más representativa de nuestra ciudad, con sus mezclas étnicas y con su diario vivir. Es la mayor escuela sociológica y la más productiva terapia psicológica. Soy gestor cultural madrugador, amante del cine, la cultura y la música. Soy juniorista de verdad, amiguero, frentero y sociable”.
Su vida fue testimonio de entrega y compromiso con la preservación de las tradiciones. No solo fue un gestor cultural, sino también un hombre profundamente cercano a la Iglesia, voluntario en diversas causas sociales y promotor de valores comunitarios. Este equilibrio entre la pasión por la cultura y su vocación social lo convirtió en una figura querida y respetada por miles de barranquilleros.
El director de Carnaval de Barranquilla, Juan José Jaramillo Buitrago, lamentó profundamente su fallecimiento: “Desde Carnaval de Barranquilla expresamos nuestras más sentidas condolencias por la partida de un hombre que dedicó su vida a sembrar conocimiento sobre nuestra fiesta. Fue un gran maestro, tuvo en vida la misión de dar a conocer la riqueza del Carnaval y sembrar conocimiento en las nuevas generaciones. Su legado como gestor cultural, su respeto por las tradiciones y nuestro patrimonio serán siempre fuente de inspiración para todos los que lo conocimos”.
La partida de Carlos Ramón Sojo Guzmán representa un vacío irreparable para la cultura de Barranquilla y para quienes comparten la pasión por el Carnaval. Su ejemplo quedará vivo en cada disfraz colectivo, en cada danza y en cada comparsa que recuerde la esencia de la fiesta. Su trabajo como director de De Cuanta Vaina seguirá inspirando a nuevas generaciones de artistas y gestores culturales que, como él, entienden que el Carnaval es mucho más que un espectáculo: es identidad, memoria y orgullo de ciudad.
Hoy, Barranquilla despide a uno de sus más grandes defensores de la tradición, un hombre que dedicó su vida entera a que el Carnaval no solo se mantuviera vivo, sino que siguiera creciendo como patrimonio de todos. Su recuerdo quedará inscrito en la historia cultural de la ciudad y en el corazón de quienes compartieron con él la alegría y la magia de la fiesta.
¡Paz en su tumba!
