La gran aventura de educar a niños con Altas Capacidades

Juan (nombre ficticio) desde muy pequeño ha llamado la atención, su desarrollo nunca siguió el ritmo de sus compañeros en la escuela infantil, los otros padres siempre daban ánimos a la madre, sonrisas al pequeño, daba problemas en clase por su ritmo cambiado, pero iba avanzando y la madre se sentía orgullosa de cada paso que daba, había gente que no daba importancia a sus avances, cada niño lleva su ritmo, sí, claro, pero a cada madre le preocupa su hijo.

Llegó el momento de saltar al colegio, llegó el momento del cambio, Juan el primer día estaba emocionado, aprendería muchas cosas nuevas, conocería niños nuevos, le ilusionaba y también le imponía.

Al cabo de dos meses, la tutora ya pidió reunirse con la madre -Su hijo, no se relaciona con los otros niños en el patio, no juega con ellos, juega solo, pregunta cuando no toca, molesta en clase- La madre habla con el niño, el problema es que no quieren jugar a lo que él quiere y prefiere jugar solo, parece feliz aunque ella se siente preocupada.

En el segundo curso de parvulario las diferencias con sus compañeros son cada vez más altas, los padres ya no sonríen a Juan, ya no apoyan a su madre, la madre se preocupa porque lleva ya 2 años arrastrando a Juan por las mañana para ir a clase, discutiendo con él del porqué debe ir, Juan no quiere hacer las tareas, molesta en clase, tiene problemas con los compañeros, ya casi no le invitan a los cumpleaños, tiene pesadillas y se angustia mucho cuando ve las noticias.

Está en 3º de primaria, ha suspendido varias asignaturas, se niega a hacer los trabajos, los que hace los hace de mala gana, ya no discute por ir al colegio, sabe que es obligatorio, pero hace lo indecible para llegar tarde, se evade, los problemas cada vez son mayores con sus iguales, la tutora ya no sabe qué hacer con Juan, la madre ha perdido algunas amistades del colegio, la miran mal, murmuran a sus espaldas, sobretodo desde que saben que va con la orientadora y ha tenido que solicitar una evaluación, y que quizás tenga que hacer clases fuera del aula.

¿Qué sentís al leer esto? seguro que os parecerá una injusticia, pobre niño, y seguro que habéis pensado en infinidad de discapacidades o trastornos…

Pero estoy hablando de un niño de Altas Capacidades (talentoso, superdotado…), ahora podéis volver a leer la historia de Juan, muchas personas piensan que un niño con AACC o superdotado es un niño que realiza todos los trabajo impecables, que disfrutan en el colegio, que sacan las mejores notas, pequeños niños repelentes, repeinados con bolis en el bolsillo, gafas, ratas de biblioteca, pequeños genios… pero en la mayoría de los casos no es así, son niños extremadamente sensibles, tienen un gran potencial, se desmotivan con facilidad, a veces fallan en tareas sencillas al hacerlas demasiado rápido, necesitan aprender hábitos de estudio porque no los adquieren a causa de su facilidad de aprender.

Pueden tener fracaso escolar, su madurez emocional no es igual a su edad mental, despiertan suspicacias y envidias, tienen un sentido de la justicia muy elevado, suelen estar mejor con compañeros más mayores, sus intereses no suelen encajar con sus iguales de edad y necesitan recursos para aprender a relacionarse, porque aunque parezca que están bien jugando solos, no es verdad, necesitan amigos, como todos. En muchos casos se “normalizan” para pasar desapercibidos, y sufren, sufren porque se aburren en clase, por no soportar las tareas repetitivas, por no avanzar durante días, por las bromas, las injusticias…

Y sus familias también mientras no se detecta, por ver que los hijos sufren, por no saber qué pasa, por la falta de apoyo general, y más en el momento de la detección, muchas familias optan por no decir que son sus hijos, en cambio si alguien tiene un niño con TDHA, por poner un ejemplo, compadecen y apoyan a la familia, pero cuando les dicen que es AACC, no entienden el problema, y creen que estás queriendo ponerte una medallita de mi niño es el mejor, sin pensar en lo que han pasado o están pasando y lo que les queda por pasar.

Hay que pensar que deberían haber tantos alumnos de NEE en una clase o colegio como niños con AACC y en la mayoría de colegios no hay niños detectados o muy pocos, en la mayoría de colegios no hay ni un solo niño detectado, los porcentajes fluctúan según las comunidades autónomas y sus planes de detección.

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