Profe, ¿es que no te gusta estar con nosotros en clase?

Ahora, con la excusa de Pokemon Go cada vez que sales a la calle te encuentras a un montón de niños con el teléfono en mano corriendo por el parque detrás de ellos para tenerlos registrados en una tal… Pokedex. A mi vecino (del que ya os he hablado en muchos posts) no se le escapa uno.

Y aprovecha los momentos para sacar a su perro para jugar a este adictivo (para muchos)juego. Concentrado en el móvil y con todos sus sentidos puestos en la pantalla me dijo: “Mel, a mi profe del año pasado no le gustaba estar con nosotros. Siempre venía a clase enfadada”.

Debo admitir que en ese momento no me esperaba ese comentario. Estaba convencida de que me iba a decir cualquier cosa del juego y de todos los Pokemon que había capturado, así que me quedé un poco parada hasta que asimilé lo que me había dicho.

No quise dar por acabada la conversación y como tengo mucha confianza con él y con sus padres seguí tirando del hilo: “¿y por qué crees que no le gusta estar con vosotros?” Mi vecino, dejó el móvil para mirarme y contestó: “es que lo único que hace es sentarse en la silla, leer el libro y ponernos ejercicios para casa”.

Antes de que pudiera responderle él me cortó para decirme lo siguiente: “los de la otra clase tienen mucho morro. Su profe les pone vídeos, lleva juegos a clase, siempre se están riendo y aprenden un montón de cosas”. A partir de ahí, ya no supe que decir.

Que un niño de educación primaria se de cuenta de la poca vocación y pasión de algunos maestros es algo que jamás debería ocurrir. Y no debería ocurrir porque en los centros educativos todos los profesores tendrían que ser de corazón. Ser maestro es algo opcional.

Nadie obliga alguien a escoger esa carrera y ese trabajo. Ilusa de mí al pensar que todas las personas que elegían estudiar magisterio cuatro años de su vida lo hacían por gusto y vocación.

En algunas ocasiones, los padres de mi vecino me habían comentado que no habían tenido suerte con la profesora y que su hijo decía que no quería ir a clase porque se aburría. La maestra les llegó a decir que el niño siempre estaba mirando en las musarañas y que así era imposible seguir el temario y los libros de texto.

Sé de sobra cómo es mi vecino. Sé de sobra la imaginación y la creatividad que tiene. Si en las aulas no se fomenta esos dos aspectos tan necesarios para el desarrollo íntegro, comprendo muy mucho que se aburra y que pierda el interés.

Pero como él otros cientos de niños que están cayendo en picado en la rutina escolar. Una rutina que está muy lejos de respetar a cada estudiante. Una rutina que está muy lejos de sacar a la luz todos los talentos de los alumnos.

Desde que hablé con el niño no he podido dejar de pensar en lo que me dijo: “es que mi a mi profe no le gusta estar con nosotros. Siempre viene enfadada a clase”. No puedo explicar como una persona como esa esté trabajando en un centro educativo y que miles de docentes de corazón estén en la calle en paro esperando a que les den una oportunidad.

Para muchos niños, los profesores son ejemplos a seguir, les admiran y quieren parecerse a ellos. Me parece vergonzoso que una persona que se llama así misma maestro y no disfruta de su trabajo cada día esté en un aula con niños enseñando. Lo único que van a lograr transmitir este tipo de “profesionales” a los alumnos es rechazo, desilusión y pocas ganas de aprender.

Y luego se dice por ahí que la culpa es de los niños y de que no tienen autodisciplina. En casi todas ocasiones son los estudiantes los que hacen todo mal: no escuchan, no atienden, no se concentran, sacan malas notas, no tienen ganas de ir al centro educativo, se aburren… A muchos profesores no se les ocurre pensar que el problema puede venir de ellos. No se les ocurre que probablemente la metodología que aplican en las clases esté obsoleta.

No se les ha ocurrido innovar, dar más importancia a las emociones, a los sentimientos, a la creatividad y al pensamiento crítico. No han pensado que son ellos los que se tienen que adaptar a los alumnos y no al revés. Son ellos los que tienen que probar cosas diferentes, son ellos los que tienen que inspirar a los estudiantes.

Por mucho que me duela decirlo, hay maestros que están cerrados en banda. Que no ven más allá de la educación tradicional. Que se niegan a abrir horizontes e investigar nuevos puntos de vista y perspectivas. Y no hablemos de los que realmente no quieren estar en las aulas.

No hablemos de esos docentes que están deseando que suene el timbre para irse. Y no hablemos de los maestros que no se involucran, que no son humanos y que no muestran ningún tipo de sensibilidad hacia nadie.

Perdonadme la expresión, pero, ¿Qué narices están haciendo estas personas en centros educativos? Lo peor de todo, es que no se están dando cuenta de que están destrozando la etapa escolar de los niños. Una etapa escolar que debería estar llena de sueños, descubrimientos, experimentación, ilusión y emoción.

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