Si ser maestro parece fácil, les invito a pasar un día en las aulas

La verdad es que estoy bastante harta. El otro día, en la cola de un centro comercial, pude escuchar a unas dos personas decir claramente: “qué suerte eso de ser maestro. Ganas un pastizal por un trabajo que lo puede hacer cualquiera y tienes un montón de vacaciones. Así yo también vivo.”.

Ya sabéis que yo no me callo ni debajo del agua y tuve que responderles: “pues si lo puede hacer cualquiera, les invito a que lleven a cabo su tarea durante una semana, a ver si piensan lo mismo después de esos días”.

Estos comentarios tan hirientes son el pan de cada día y muchos docentes los tienen que escuchar casi en cualquier sitio.

Expresar que todas las personas pueden ser profesores es igual que decir que todo el mundo puede ser médico, bombero, carpintero o peluquero.

¿Todos los seres humanos están preparados para entrar en un quirófano y salvar la vida de alguien? Por supuesto que no. ¿Todos los seres humanos están preparados para meterse en un edificio en llamas y salvar a la gente? Por supuesto que no. ¿Todos los seres humanos saben construir muebles increíbles o realizar un corte de pelo que sea la última tendencia? La respuesta es no.

Entonces, ¿por qué esos comentarios hacia el maestro? La contestación sigue siendo la misma: no, no todos los seres humanos están preparados para ser profesores. Y os explicaré con mucho gusto los motivos por los cuales no todas las personas pueden estar en un aula.

Para empezar, un maestro tiene un nivel de responsabilidad elevado. Si hablamos de los educadores infantiles, ellos trabajan con niños de 0-6 años. Tienen que preocuparse de que los pequeños se sientan seguros, estén tranquilos, disfruten de su día en el centro, aprendan cosas nuevas, descubran, vivan experiencias, se relacionen con los compañeros…

Son los encargados de fomentar su autonomía, su independencia, su creatividad, su interés, su imaginación… Y además de todo eso, en muchas ocasiones tienen que desempañar el rol de enfermeros cuando un niño se pone malo y cuidarlo.

Por no hablar de la comunicación con las familias de los pequeños, la preparación de actividades, de juegos, de materiales… ¿Tienen todos los seres humanos ese nivel concreto de responsabilidad? No, os lo aseguro que no.

Si seguimos avanzando por las demás etapas educativas, un maestro de primaria se encuentra en la situación de que tiene delante (en el mejor de los casos) a veinticinco alumnos diferentes.

Y con diferentes me refiero, a que algunos de ellos pueden presentar necesidades educativas especiales, otros pueden estar increíblemente desmotivados, otros tienen problemas con las habilidades sociales, y a otros les cuesta comprender las explicaciones.

Veinticinco estudiantes con un único docente. Os podéis imaginar que aunque el propio profesor quiera, no va a conseguir darles atención a todos cómo de verdad se merecen.

Vamos, que es muy complicado teniendo esa cantidad de alumnos en un aula. Así que, el estrés, que puede generar estar en una clase, no todos los seres humanos lo soportarían.

Si la gente abriera un poco la mente, se daría cuenta que a los maestros “no ganan un pastizal por no hacer nada”. A parte de preparar las clases de cada día, tienen reuniones con los demás profesores y el personal educativo y también con los padres.

Tienen que preparar exámenes y corregirlos, revisar los trabajos de los estudiantes y por supuesto, redactar el boletín de notas de todos ellos.

Afortunadamente, he podido comprobar, que si eres docente, en muchas ocasiones te olvidas de irte a la cama a las diez de la noche, y la preciosa mesa de trabajo que antes servía únicamente para decorar, ahora está llena de pruebas, folios, documentos y hecha un auténtico caos.

Y que por supuesto, las excesivas vacaciones que tanto se mencionan por ahí, no son tales. Muchos profesores, están los centros hasta mediados de julio para terminar las últimas reuniones.

Las Navidades, las emplean para corregir trabajos atrasados para tenerlos cuanto antes. Y la mayoría de ellos, antes de que empiece de nuevo el curso escolar, ya están programando el temario, actividades, materiales…

Así que decidme, ¿Dónde se queda ese periodo estival tan largo? En ningún sitio, lo que pasa que es muy fácil hablar de algo de lo que mucha gente no tiene constancia. “¿Los docentes? ¡Bah! Pero si no hacen nada nunca!”.

Señores y señoras con un máster en criticar siempre a los demás: los profesores tienen la llave para que vuestros hijos se conviertan en mejores personas, más capaces, con valores y con habilidades a desarrollar día a tras día.

“Cualquiera podría ser maestro. Hasta yo”. Claro que sí, simplemente por esa afirmación, propongo a todas esas personas tan sabias, tan profesionales y con tanta empatía (nótese la ironía), que entren un día entero en un aula.

Que sean ellos los que estén delante de los alumnos, los que resuelvan sus dudas, los que sean mediadores en caso de conflictos, los que preparen actividades que despierten el interés de los estudiantes.

Que sean ellos los que gestionen sus propias emociones cuando sientan que no pueden más y que la situación se les va de las manos. Que sean ellos los que se impliquen con los alumnos y sus familias.

Que ellos sean los que se encarguen de que se de un adecuado proceso de enseñanza-aprendizaje. Y por supuesto, que sean ellos los que adapten materiales educativos en los casos que hiciera falta. Entonces que, señores y señoras “los docentes no hacen nada”, ¿Cuándo empezáis vuestras prácticas?

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