Sí, puede que los maestros de corazón estén de vacaciones, pero…

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¡Muy buenas, súper lectores! ¿Cómo se están dando las vacaciones? ¡Espero que genial! No sé vosotros, pero, últimamente leo muchísimos comentarios negativos en las redes sociales sobre las vacaciones de los maestros de corazón.

Hay quién dice que un mes y medio de descanso es increíblemente excesivo para lo que hacen durante el curso y que su trabajo no requiere tanto esfuerzo. Y yo me pregunto: ¿es que estas personas que hablan tan a la ligera de los maestros de corazón lo saben todo todito todo?

Lo primero de todo: ¿por qué se cuestiona tanto a los maestros de corazón?

Yo puedo comprender que se critique y cuestione a los “docentes” que no deberían estar en ningún aula. Pero, ¿por qué se ofende a los que sí se merecen estarlo? Jamás he podido dar respuesta a esa pregunta.

Soy consciente de que en los centros educativos no todos los profesores son maestros de corazón. Pero tampoco hay que meter en un saco a todos los docentes por igual. 

Posiblemente, las personas que tanto hablan (de mala manera) de las vacaciones y del trabajo de los maestros de corazón, no tengan ni idea de lo que en verdad hacen en las aulas.

Tampoco saben de qué forma se implican los profes auténticos con los estudiantes. Y menos aun son conscientes de la responsabilidad que tiene la palabra “educar”. Pero en fin, desde hace mucho tiempo la profesión docente es injustamente criticada.

¿En serio los maestros de corazón tienen tantas vacaciones en realidad?

Me gustaría recalcar que estoy hablando de los maestros de corazón. Y no de los docentes que miran cada dos por tres la hora para saber cuánto tiempo falta para irse. Repito: SOLO MAESTROS DE CORAZÓN.

Personalmente, tengo muchos conocidos que son maestros y docentes apasionados en casi todas las etapas. Todos ellos (sin excepción) están haciendo cursos sobre educación para mantenerse formados durante el verano. 

Una amiga que es profesora en segundo de la ESO (junto con sus compañeros y director) se reúnen en el centro educativo durante todo el mes de julio para hablar de nuevas metodologías y nuevos proyectos educativos para poner en práctica con los estudiantes.

Así que, puede que no tengan que dar clase pero os aseguro que no se quedan con los brazos cruzados durante todas las vacaciones. 

Y cuándo de verdad están disfrutando de un tiempo verdadero de descanso…

No dejan de hablar de lo mucho que echan de menos a sus estudiantes. Una amiga que es educadora infantil el otro día me dijo lo siguiente: “ay, Mel. Cada día que me levanto siento un pequeño vacío por no estar con mis niños”. ¡Y yo la entiendo!

Los años que estuve trabajando en la escuela infantil fueron geniales. Y no os voy a mentir: cuando llegaba junio todos estábamos deseando coger vacaciones por el cansancio. 

Pero cuando llegaba aproximadamente el quince de julio yo ya echaba de menos a los peques y tenía ganas de volver a empezar con ellos. Sí, señores. Los maestros de corazón se cansan y se esfuerzan muchísimo en todo momento.

Y como todos los trabajadores, se merecen vacaciones. Pero muchos de ellos, viven con tanta intensidad su trabajo que en agosto ya están pensando nuevas cosas por hacer con los estudiantes. 

Una gran parte de la sociedad que habla por hablar VS maestros de corazón

Siempre he defendido que todos tenemos derecho a opinar sobre cualquier tema. Pero también soy consciente que para poder debatir sobre algo hay que argumentar y tener un conocimiento básico de lo que se va a tratar.

¿A qué me refiero con esto? Pues que es muy fácil criticar por criticar. Y gran parte de las personas que critican a los maestros de corazón es porque no tienen ni idea de enseñanza (ojo, no tienen por qué tenerla). 

Y desgraciadamente, en esa “gran parte de la sociedad” también se encuentran los padres y madres (solo algunos) que hagan los maestros de sus hijos siempre les parece mal.

“Pero, ¿es que no vas a utilizar libros de texto este año? Pues vaya formación van a tener tus alumnos”. Y cuando los profesores vuelven a los libros de texto por obligación resulta que escuchan… “es que quizás deberías innovar un poco más en el aula”.

Y es que todo podría ser tan increíblemente fácil y sencillo para todos…

¡Cómo si ser maestro de corazón fuese fácil! No, claro que no lo es (aunque nadie obliga a los futuros maestros a trabajar en un centro educativo). Pero a lo que yo me refiero es que todo sería más sencillo si nos respetáramos y apoyáramos entre todos.

Las familias no deberían ser enemigas de los profesores. Y los docentes no deberían estar en pie de guerra con los padres y madres. 

Es curioso que muchos maestros y familias quieran favorecer la educación en valores en las aulas y en casa. Pero, ¿Cómo van a fomentar tal cosa si son ellos los que no transmiten empatía, tolerancia y respeto hacia los demás?

Señores y señoras, aprendamos a no juzgar antes de tiempo, a confiar y a trabajar en equipo. Para mí, una de las claves de la educación es que estemos todos unidos en armonía. Y desgraciadamente, eso se queda en un simple sueño.


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